El escritorio es un espacio de concentración y trabajo prolongado. La iluminación debe favorecer el rendimiento visual y reducir la fatiga. Puede pensarse en dos capas: iluminación ambiente e iluminación puntual.
Ambiente
La luz ambiente debe ser uniforme y sin deslumbramientos, evitando contrastes excesivos dentro del campo visual. Luminarias de techo o apliques permiten establecer una base equilibrada.

Puntual
La iluminación puntual atiende la superficie de trabajo. Lámparas de escritorio o apliques orientables permiten ajustar dirección e intensidad según la tarea. Las temperaturas de color entre 3000 y 4000K favorecen la atención y la percepción de los materiales.
